ESE SOL

Por Mario Arteca

(extraído de Cuadros de un Pensamiento, Walter Benjamin)

 

Hay cambio e intercambio:

nada permanece. Pero de pronto

se desprenden nombres, penetran

mudos

en el caminante. Y mientras

sus labios están por pronunciarlos,

los reconoce.

 

Y no dejan huellas.

 

Son nombres que surgen a primera vista

lo mismo que un grupo de estatuas

emergiendo del mar.

 

……………………………………………..

 

Pasó la sed. Ya enmudeció

el canto de las cigarras.

Desde la oscuridad se extiende

sin pereza el sonido; impropio.

 

Ahora las mujeres de tamaño

sobrenatural flotan

inmóviles;

 

por la tierra -también inmóvil-

sus rostros se dirigen hacia él.

 

(de Bestiario búlgaro, 2004)

 

***

 

2.

 

La calidad es reinterpretada (Margaret

Leng Tan, noviembre de 1989), o empleo

la edición agotada de una partitura

lingüística. Entonces, el problema

de la mayoría imita sitios de aproximación.

Un modo, un cronómetro aún, bajando

en silencio teclas, acordes, clusters

para infinitas duraciones. Claro, probamos

mixturas, y con esto, sensaciones encontradas.

Quizás sea genuino, como una sesión de video

en The Kitchen, New York, 21 de Marzo de 1990.

Un documental sobre John Cage dirigido

por Allan Miller. Ficha en blanco sobre

tablero blanco, y en el atril levántanse vaharinas

de una pianola. Mi cuerpo es una pieza

tallada en movimiento. ¿Sí? Un primer

intérprete de cámara filmando pixeles,

en lejana madriguera.

 

 

5.

 

Notorio lo suyo, pero no atendemos de noche.

¿Es la noche el punto más inmenso, fingiendo

plantillas por un cuesco? Vaya pregunta –¿se dice

vaya, o en un fino de revólver quitamos poder

a la traditio; o ponemos: ya, ya, qué va (qué)

un qué?. Hay situaciones que no, y situaciones.

Saja el lóbulo de puro hobbie, pero reconocemos

-reconcomio- cuanto de dolor, y un pie,

encima de nuestros quevedos, a punto

de hacerse trizas en cristales. Y noches,

donde el muñeco de caolín acuerda mear

al cuervo en la ventana, devenido chimango.

Lógico: es lascivo, salaz. Noches en su cabeza,

puntapiés, aunque podría tratarse de otra cosa.

No hay vida posible en el mito y el vientre

del mundo será tercer ojo. Elimínense, vestigios.

Antaño, el hombre fue exterior a sus ideas,

cuando la planicie era tierra de noviazgos.

Bultos, relieves, y tanta convexidad, siendo

el mal hábito de una vieja heráldica. Nuestro

pedido, entonces, hasta el hartazgo: a estas horas

se duerme; los teléfonos dejan de sonar. Es habitual.

Tampoco para ellos hay auxilio que valga.

 

 

6.

 

Naciste en aquel túmulo de mar

y arena, donde boyaba una paca

de pólipos en entrepisos de verdín,

verdecloro. Primera vez que oyó

hablar de L’América habrá sido

cuando un misionero pasó diciendo

que en esa tierra existía concordia

entre hermanos (arateka, decían

aquellos que no confiaban en la eutaxia

de la segunda vocal). Cayó, callase,

el tímpano ahora cegato ante la presión

de unas consonantes (por lo pronto,

de buena cepa europea). Al padre,

volvamos. Trasudar, o bien aplicarse,

desde que brazos y corazón estuvieran

abiertos a nuevas tierras de la promisión.

¿En verdad, así? Padres que permiten

individuos cuando hay cierto lugar

en la familia, y se afirma en posesión.

Hablaban fuerte, comían pesado, nadie

callaba a los niños ni podían cortarles

la palabra. Al cine, cuando había billete;

si no, sentados alrededor de la mesa

contando historias que desplomaran

el desinterés. Una tarareo, mientras

la insistencia en las cosas solía

estar presente. Más: librarse

de todo influjo para luego escapar,

no importa adónde. Más tarde, caída

la vocal, se completó la instrucción.

Y por más pequeña que fuese la huella

de un zapato en el barro, éste seguirá

fresco, como indicio.

 

 

 

22.

 

Y sí: comimos, bebimos, rociamos

nuestras entrañas. Cada sorbo una delicia,

un milímetro de litro pactaba su salida

más allá de la auténtica colisión a futuro.

Y todo bajo la memoria del romero,

el bandazo del ciboulhette, la panorámica

de la albahaca, con suficiencia fuimos piel

separando a los comensales. Al tiempo

ordenabas nuevos reposos de objetivo

en el instante de tornarse excusa y sujetar

así la tinta de los interrogatorios.

Respondimos. Acerca de un orden,

sienta sus bases toda posesión

de la duda. De esta manera, el animal

aísla sus condiciones endogámicas, pero

su esfuerzo es lo que une toda quinésis

hacia un punto de sospecha.

Por ese entredijo apenas si se observa

un afán de movernos por áreas

independientes, mezcladas en el batido

de las aves al despegar sus alas

(momento del aire) mientras lo fuerza

a reconocer otro vacío. Consunción

alrededor de un plato de alimento, ningún

estímulo impresiona con tal de sujetarlo,

y sin embargo, quien viaja kilómetros

de noche apura su paso a la mañana.

 

 

 

23.

 

No hay remedio para este devaneo

del suelo ante el mínimo contacto de los pies,

tuyos o míos; piso cuán intoxicado, dentro

de repujes y detrás del barniz muerto

por cierto abandono de la premisa

a la humedad, ningún remedo. Acaso

la protección aduanera evada kilos

de exenciones por medio de algunos sistemas

que irán del menoscabo a la vigilancia;

con decir así: firmas aún calificadas

vuelven a postrar sus fachas delante

del primer oferente, y luego del segundo

recuento, esas fáusticas mortifican

la tolerancia de toda red de contención,

de nuevo al acecho por voluntad adicional.

Polvo y cóctel de diversas partículas,

de mentas me acojo hasta la médula del caso,

y por descuido hacen tiempo en el barniz

de medio segundo. Y así acosas la mugre,

pero con eso no basta. Incluso habrá de hacerse

la salvedad del caso: no siempre se puede

con todo y es allí que la profusión de bacterias,

ácaros destinados a la trinchera de la alfombra,

bacilos con sus ataduras roncando fuerte

en los alvéolos, y también los vellos bronquiales

después de un napalm de nicotina, dejan

ese sonido para la inspiración-exhalación,

lo mismo que echarse tierra encima. Siempre

el saldo será el aire de obediencia a sus modales

de gran microorganismo. Y todo aquello

recupera sin dilaciones un lugar, recodos

de la señalización de los zócalos, propiedad

del alimento en el balance estomacal; luego

hacia abajo el balbuceo del flato, anómalo

su exilio tras una camorra de sentinas, otrora

íconos asimismo imberbes. Rembrandt entre velos

de Hitchcock en aquel film del Berlín Oeste

(muro en esos lamentos), donde se disuelve

la razón del microbio o todo flexible landscape

de mitad de los sesenta, la mirada años luz

desde esos núcleos denominados acercamientos.

Meollo y emanación, lo neuronal. Fístula

de las convulsiones, cada hora.

 

 

 

 

47.

 

La lengua es presente puro,

hacia delante; olvido

de los primeros sonidos,

o bien, relapso materno.

Ese afuera del español

es un “salirse” del lenguaje

para no volver a él. Llevar

a cabo una operación inversa,

entendiendo que el instante

en que se recuerda de por sí

será momento perdido.

Apotegma: el “tiempo perdido”

no es pasible de ser reconstruido.

Sólo cabe volverlo presente puro:

en la nueva sintaxis, propuesto

como único. Balbuceo entre

la tentación de recordar

y la obligación de conseguir

formas de penetrar en los jardines.

Todo idioma excluye parte

de los hechos. La traducción,

cualquier pasaje de un idioma

a otro, resigna su pretensión

de totalidad. El intento

de reconstrucción de los hechos

siempre es fragmentario.

La memoria se vuelve metonímica,

en los modos de la evocación

como suceso. Y habría de hallarse

el sentido global del recuerdo

entre aquellos huecos mezclados

o en cada frase inconclusa.

Desde una persona con varios

idiomas se arriba

a la pulverización del ser.

La ontología del narrador

destituida, mientras aserta

el nuevo lenguaje.

Vasta, una lengua más íntima

sólo pertenece a los nuevos

habitantes de la frase.

Una sombra

de tan lejana

se mezcla.

 

(de Vinilo, de próxima aparición en Lumme, Brasil)

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