EL OXÍGENO DE PLOVDIV

Por Mario Arteca

Aunque menor sea el aire que respiramos

(hasta los huesos) lo mismo da inhalarlo.

Será todo un trabajo consensuar

entonces la vida en la tierra.

 

La exhalación, claro, es otro tema.

Nuestra débil propina de monóxido

se agrega desde afuera, en pausas,

sentimos cómo arriba y abajo

cada astilla se reintegra a la carne

 

y todo sufrimiento a la bocanada.

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