Servilleta azul

Por: Elia Domenzain

Huyendo de la vida concebida,

me emborracho con un oasis,

me domina un espejismo,

me altera una ficción.

Regresión reiterativa

cual pleonasmo en terquedad.

¡Horror! ¡Presión! ¡Perdón!

Perdón por pretender el amor.

Perdón por malinterpretar la intención.

Perdón por sentir la fantasía.

Perdón, disculpas pido por la intromisión.

Perdón, no crucéis los destinos.

Perdón, he volado en la cuarta dimensión.

Perdón, confictúo tu vida.

Perdón, he gozado la intuición.

 

Perdón, he sentido malabares,

perdón, sensaciones novedosas,

perdón, me he entregado al mismo mago

y éste ha sido aun mejor.

Tal vez son las endivias

o tal vez el mejillón.

¡Yo qué sé las veras causas!

(de mi sexo y mi sentir),

y me aferro a estas dos trenzas

y a un chongo en alcanfor,

pues si suelto esta melena,

la energía me rebasa,

me recarga, me traspasa

y me altera la razón;

siento ardientes las miradas,

la atracción al por mayor.

No me suelto más el pelo, sin marido ya ya no.

Perdón si decreto un hombre.

Perdón por desearle feliz.

Perdónenme impulsos bestiales

del instinto que perdí.

Yo ya me he perdonado a mí misma,

perdónenme todos si los ofendí…

Perdonen mi insomnio silente.

¡Ey, naves! ¡Sáquenme ya de aquí!

Condesa

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